Desplazados por la violencia criminal: la crisis humanitaria invisible en América Latina
Familias huyen no de la guerra, sino de una violencia criminal implacable, y el mundo apenas presta atención.
“Entendimos que teníamos que correr rápido”
Astrid* y Miguel* sostienen una familia de seis: su hijo de seis años, dos sobrinos pequeños y un primo. En un par de ocasiones han tenido que huir de su hogar en Honduras para salvar sus vidas.
La primera vez escaparon solo con la ropa que llevaban puesta, tras encontrar bajo la puerta una nota escrita a mano: “Tienen 24 horas para irse. No pueden llevarse nada”. Miguel recuerda: “Sabíamos que esas 24 horas no eran reales. Era menos tiempo. Y sabíamos que vendrían solo para matarnos”.
Durante meses pagaron dinero de extorsión a grupos criminales que imponían cuotas semanales en su pequeña tienda. Cuando la enfermedad y el equipo averiado les impidieron seguir pagando, las amenazas se intensificaron. La familia de un vecino fue asesinada por no pagar. Astrid y Miguel entendieron lo que ocurriría si se quedaban.
Huyeron a otra ciudad, a tres horas de distancia, sin familiares ni recursos. Una iglesia les dio refugio y empezaron de nuevo. Diez meses después, cuando la vida parecía estabilizarse, surgieron nuevas amenazas: grupos criminales intentaban reclutar a su sobrino adolescente. Una vez más, lo dejaron todo atrás.
Hoy viven con miedo, pero se aferran a la esperanza.
La magnitud de la crisis
La experiencia de Astrid y Miguel está lejos de ser única. En toda América Latina, miles de familias son desplazadas por una violencia que rara vez ocupa los titulares.
Según ProLAC, una iniciativa conjunta liderada por el Consejo Danés para Refugiados (DRC) y NRC, el 70 % de las personas desplazadas en Ecuador, Guatemala, Honduras y México huyeron de sus hogares debido a la violencia y a grupos criminales. Muchas han sido desplazadas varias veces, perdiendo hogares, medios de vida y cualquier sensación de estabilidad.
A diferencia de las personas refugiadas que cruzan fronteras, la mayoría de las víctimas permanece dentro de sus países, invisibles para la atención internacional. Buscan refugio con familiares, se mudan a viviendas precarias o viven bajo el miedo constante de ser encontradas. Esta invisibilidad dificulta la movilización de recursos y de voluntad política. Las consecuencias humanitarias son enormes y, en gran medida, siguen siendo ignoradas.
Fronteras ocultas
¿Qué impulsa a personas en América Latina a huir? No son bombas ni tanques, sino la violencia descontrolada del crimen organizado.
Las familias escapan de amenazas de secuestro, del reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes, y de esquemas de extorsión que consumen sus ingresos. Las mujeres enfrentan violencia de género y explotación sexual. Barrios enteros quedan bajo control de pandillas, creando “fronteras invisibles” donde la supervivencia depende muchas veces de la obediencia.
El Comité Internacional de la Cruz Roja clasifica estas crisis como “otras situaciones de violencia”, fuera de la definición legal de conflicto armado. Para los civiles, esa distinción carece de sentido. La realidad es brutal: quedarse y arriesgar la vida, huir, lanzarse hacia un futuro incierto.
Vidas en suspenso
El desplazamiento no es solo un viaje físico: es un descenso a la incertidumbre. La encuesta de ProLAC revela que:
- Tres cuartas partes de las familias desplazadas se esconden, rompiendo lazos con sus comunidades.
- La mitad restringe sus movimientos por miedo a reencontrarse con miembros de pandillas.
- Un tercio pierde sus ingresos y la capacidad de mantenerse, profundizando la pobreza.
Los niños pagan el precio más alto. Muchos abandonan la escuela para evitar el reclutamiento o la violencia en el camino. Las mujeres cargan con el peso de la supervivencia, a menudo sin acceso a atención médica ni protección legal. Para familias como la de Astrid y Miguel, el desplazamiento no es un hecho aislado, sino una pesadilla que se repite una y otra vez.
Protección negada: vacíos legales y políticos
A pesar de la magnitud de la crisis, los marcos legales son débiles o inexistentes. Son pocos los países en la región que cuentan con leyes que reconozcan el desplazamiento interno provocado por la violencia. Esto deja a cientos de miles de personas sin acceso a protección, vivienda o apoyo psicosocial.
Los gobiernos suelen tratar el desplazamiento como un inconveniente temporal, en lugar de reconocerlo como un problema estructural. Mientras tanto, las organizaciones humanitarias luchan por llenar el vacío con recursos cada vez más limitados.
La situación se agravó desde enero de 2025, cuando Estados Unidos suspendió la financiación destinada a la asistencia humanitaria. Sin reconocimiento legal, las familias desplazadas permanecen invisibles en las estadísticas oficiales… y fuera de las prioridades políticas.
Romper el círculo vicioso
El desplazamiento por violencia no ocurre en aislamiento. Es el resultado de problemas más profundos como la desigualdad, la debilidad institucional y el escaso apoyo gubernamental.
En territorios donde persisten vacíos de gobernanza, los grupos criminales se imponen, creando sus propias reglas y estructuras de poder. A ello se suman desastres climáticos y la inestabilidad económica, que hacen la vida aún más difícil para familias que ya luchan por mantenerse a salvo.
Esta tormenta perfecta perpetúa un círculo vicioso: la violencia obliga a las familias a huir, el desplazamiento profundiza la pobreza y esta vuelve a las comunidades más vulnerables al control criminal. Romper este ciclo requiere más que ayuda de emergencia; exige cambios sistémicos.
Un llamado a la acción
La crisis de desplazamiento en América Latina no es inevitable: es el reflejo de un fracaso en la protección. Los gobiernos deben reconocer el desplazamiento interno como una emergencia humanitaria y de protección, así como adoptar marcos legales que garanticen seguridad, justicia y reparación para las víctimas. Los donantes internacionales, por su parte, deben priorizar la financiación de servicios de protección, apoyo psicosocial y programas de medios de vida que permitan a las familias reconstruir su futuro.
Los socios de ProLAC seguimos de cerca el comportamiento del desplazamiento, señalamos los riesgos y abogamos por el cambio. Pero no podemos hacerlo solos. Abordar el desplazamiento por violencia debe dejar de ser una idea secundaria y convertirse en una prioridad política y humanitaria en toda América Latina.
Un futuro por el que vale la pena luchar
Astrid sueña con un día en que sus hijos puedan caminar a la escuela sin miedo. Un día en que el hogar sea más que un recuerdo.
Su fortaleza ante la adversidad habla por sí sola, pero nadie debería depender solo de la fuerza para sobrevivir. Es hora de sacar a la luz la crisis invisible de América Latina y actuar antes de que más familias se vean obligadas a huir hacia las sombras.
* Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas.
Sobre la metodología de la encuesta: Este artículo web se basa en un informe de ProLAC que analiza datos recopilados entre el 1 de julio y el 31 de octubre de 2025 en cuatro países de América Latina: Ecuador, Guatemala, Honduras y México. Se encuestaron 821 hogares y 2.584 personas en total, además de realizar 56 grupos focales y entrevistas en profundidad.
Sobre ProLAC: El Consejo Danés para Refugiados (DRC) y el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), con apoyo de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea, han creado la Iniciativa ProLAC. Este proyecto ofrece un sistema unificado para monitorear los riesgos de protección que enfrentan las personas forzadas a huir en América Latina. Para más información, visite https://prolac.live/
Socios de ProLAC: Además de DRC y NRC, las siguientes organizaciones contribuyeron a la recolección de datos para este informe: Cáritas del Ecuador (en representación del consorcio EuroPana); International Rescue Committee (IRC) en México y Guatemala; Misión Scalabriniana en Ecuador; y Derechos Humanos Integrales en Acción (DHIA) en México.
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